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¿Decir adiós a un perro es tan difícil como perder a un ser querido?

decir adiós a un perro advice
© Shutterstock

Afirmar que nuestro compañero de cuatro patas es uno más en la familia no es nada gratuito. Ahora hay evidencias científicas de que el duelo que pasamos cuando estos se marchan es similar al que experimentamos cuando perdemos a un ser (humano) querido.

Por Ismael G. Cabral

Cuando llega el momento...

Da igual que su vida fuera vida larga y saludable. El momento de decir adiós conlleva un sentimiento de pérdida que, los primeros momentos y días, puede resultar insoportable y muy difícil de gestionar sentimentalmente.

Aunque la comprensión de quienes nos rodean habitúa a ser alta, no faltará quien nos asegure que “lo superaremos pronto” porque, al fin y al cabo, para ciertos humanos “sólo era un perro”. Sabemos que esas palabras resultan profundamente hirientes. Y poco o nada podemos hacer en Wamiz para que el trance de la pérdida sea más llevadero. 

Un duelo a gran escala

Al menos, sí que compartiremos contigo una serie de investigaciones que respaldan la idea de que este es un duelo tan real como el que experimentamos cuando decimos adiós a un compañero humano. A veces, incluso el drama interior es mayor.

En un reciente estudio psicológico y etológico de la Universidad de Florida se concluyó que nuestro vínculo con las mascotas es idéntico al vínculo que establecemos con las personas. En ambos casos nuestro cerebro libera las mismas hormonas y sustancias químicas que permiten que nuestro cerebro y el del animal estén conectados y se cree una relación amorosa entre ellos. Cuando pasa un tiempo esa conexión es muy similar a la que experimentamos hacia seres incluso de nuestra propia familia.

perro acostado
Decir adiós mediante la eutanasia es, a veces, todavía más complicado.

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Exteriorizar los sentimientos

Por esta razón el duelo es absolutamente personal en cada caso. Muchas son las personas que se guardan los sentimientos para sí mismas porque temen ser avergonzados si expresan la rabia y el dolor ante la pérdida de su mascota. Simplemente esperan a que pasen los días, las semanas, a veces hasta los meses. Otras, en cambio, los exteriorizan sin miedo al qué dirán, y hay quienes no dudan en recurrir a terapia psicológica.

El funcionamiento de la sociedad es tremendamente injusto en este sentido. Cuando marcha un ser querido nadie a nuestro alrededor espera que continuemos con nuestra cotidianidad como si nada hubiera pasado. En cambio, si hoy despedimos a nuestro amigo peludo, mañana deberemos ir al trabajo, como si nada, como si tal cosa. 

No es solamente que hayamos perdido a nuestra mascota. “Hemos perdido una fuente de amor incondicional, hemos enterrado a un compañero que nos ha acompañado durante años, en los buenos y en los malos momentos. Nuestra vida, a partir de ahora, será diferente”, reconoce la psicóloga Julie Axelrod

Una sacudida a la rutina

Esta pérdida golpea también nuestra rutina, de un modo a veces incluso más intenso que cuando perdemos a un compañero humano. Porque nuestras vidas están muy conectadas a las de ellos; lo escucharemos por la casa, recordaremos los paseos que ya no daremos, nuestro entorno será diferente. 

Además hay otro elemento a tener en cuenta. Las despedidas casi nunca son inesperadas, repentinas, plácidas. Con los animales muy a menudo nos vemos obligados a tomar una decisión difícil que termine con el sufrimiento de una enfermedad. Esto no ayuda a que decir adiós sea visto de forma más natural. “Siempre nos quedará la errónea sensación de que quizás pudimos hacer más, y eso aumenta nuestro dolor”, dice Axelrod.

Libres para sentir dolor

Si estas líneas te han servido para que la próxima vez que despidas a tu mascota (¡ojalá sea dentro de mucho tiempo!) seas capaz de exteriorizar tus sentimientos, habrá valido la pena. Son miembros de nuestra manada, de nuestra familia, y nos debe importar un comino lo que opinen quienes jamás han conocido este amor. Además, ahora, la ciencia respalda nuestro llanto.