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Los perros y los gatos se llevan mal: ¿qué hay de mito y qué de realidad?

Razones por las que los perros y gatos se odian advice © Shutterstock

En el castellano existe la expresión que dice “se llevan como el perro y el gato”, haciendo alusión a la falta de entendimiento de dos individuos. También es habitual en el cine o en las series, ver imágenes de un perro y un gato que se llevan mal. Y es que las relación que se establece entre ambos animales no siempre es buena. La razón de por qué los perros y gatos “se odian” es muy simple: el instinto del perro le obliga a correr detrás del gato, mientras que el instinto del gato le obliga a huir.

Por Bosch Maica

Más allá del instinto, entre estos dos animales hay muchas diferencias, como la manera en la que se expresan, por ejemplo. Cuando un perro mueve la cola quiere decirnos que está contento, pero si un gato hace lo mismo quiere expresar que está irritado y/o molesto. Si el gato arquea el lomo es para que lo acaricien, mientras que este movimiento en el perro significa que está pensando en atacar o en defenderse. Ahora es un poco más fácil entender por qué se odian perros y gatos, ¿verdad?

¿Por qué los perros persiguen a los gatos? 

No se trata de que los perros odien a los gatos, pero responden a su instinto cuando los persiguen. Aunque nuestro can esté domesticado, es un animal cazador por naturaleza y eso les mueve a perseguirlos cuando los ven. Pero no tiene que ser únicamente para atacar, puede ser simplemente por curiosidad. Igualmente, el instinto del gato le hace huir de los perros, y esto crea confusión en el otro animal.

Aunque hay muchas razas de perros que son más grandes que los gatos, éstos últimos siempre suelen salir victoriosos. Son más rápidos en sus movimientos y más audaces, por lo que no les importa mucho el tamaño del perro.

Los perros y los gatos se llevan mal: ¿qué hay de mito y qué de realidad?

Muchos perros conviven con gatos y han aprendido que no son presas de caza o animales peligrosos. Digamos que pierden el instinto de caza y se acaban llevando bien. Puede ser algo duro al principio, sobre todo si el gato estaba en la casa antes que el perro porque, además, tienden a ser más territoriales. Igualmente, tras una época de adaptación, ambos acabarán por entenderse.

Hay que tener en cuenta que el perro es un animal mucho más sociable, cariñoso y leal. Los gatos, por su parte, son más independientes, solitarios y territoriales. A pesar de estas diferencias, como comentamos antes, tras un tiempo de adaptación pueden llevarse estupendamente, por lo que el sentimiento de odio no perdura. Cuando un perro se acerca muy contento al territorio específico del gato para olerle y conocerle, éste huye porque se siente amenazado.

A los perros les gusta investigar toda cosa nueva que ven, no lo pueden evitar. Primero, evalúan la situación antes de lanzarse a oler aquello que les llama la atención y, sólo cuando se sienten seguros, se acercan. Cuando el gato ve que el perro quiere acercarse y olerle, es normal que salga corriendo. No confían en el otro animal, los gatos son más independientes y menos confiados que los perros.

El odio entre perro y gatos no es real

No existe la fórmula exacta que explique por qué los perros y gatos se odian. Pero la cuestión es que ese odio entre ambos no es, para nada, real. Es cierto que no siempre se llevan bien, y que sus personalidades hacen que choquen en un principio, pero se pueden entender perfectamente. 

Si quieres tener un perro y un gato en tu casa, lo mejor es criarlos juntos desde bien pequeños para que crezcan juntos y se adapten más fácilmente el uno al otro. Si ya tienes un perro o un gato adultos en casa, lo correcto es hacer una presentación formal para que ambos sepan de la existencia del otro poco a poco. La recomendación es tenerlos en habitaciones separadas los primeros días y dejarles una prenda intercambiada, es decir una manta del perro al gato y viceversa, para que vayan reconociendo los olores.

Con el tiempo, la convivencia hace que el perro aprenda a reconocer el lenguaje del gato, y lo mismo ocurre al revés. El can debe comprender que cuando el gato corre no significa “persígueme” y que siempre debe respetar el espacio del gato, acercándose lo menos posible.

Otro ejercicio para que se toleren es llevarlos a ambos a un mismo cuarto. El perro tiene que estar atado con correa y siempre a tu lado. Si el perro consigue controlar la excitación, se le da un premio. Cuando esté tranquilo ve acercándote al gato, poco a poco. Este proceso hay que repetirlo hasta que el perro no vea al gato como algo novedoso, sino como un componente más de la familia que vive bajo sus propias reglas. De diez a quince minutos durante un par de días serán suficientes para que tu perro se acostumbre al gato.

Autora: Maica Bosch