Galgos y podencos: maltratados en España, salvados en Europa

galgos podencos
Cada año se abandonas en España 50.000 galgos y podencos.

Los podencos y los galgos constituyen dos de las razas más antiguas que se conocen, llevan más de 7.000 años conviviendo entre nosotros. Sin embargo, España los maltrata desde hace muchas décadas. Aunque su popularidad como animales de compañía va en aumento, el mundo rural sigue yendo en contra de ellos. Decenas de asociaciones en Europa están dedicadas, exclusivamente, a tenderles una mano.

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Tito, perrigalgo de apenas tres años, cayó a un pozo porque así lo quiso su dueño. Él se encargó de arrojarlo allí con vida. Sucedía en la Navidad de 2013 en Dos Hermanas (Sevilla). Para asegurarse su muerte le ató previamente una cuerda al cuello y, al otro extremo, una gran piedra. El fallecimiento (el asesinato más bien) se planeó así, con una mezcla de contusiones, asfixia y ahogamiento.

Sin embargo, Tito, brutalmente herido, logró agarrarse a un peldaño oxidado de la vieja escalera del pozo, cruzó las patas delanteras y se quedó enganchado durante horas. Alguien escuchó sus lastimeros y agonizantes gemidos. Y avisó a las personas adecuadas, voluntarios de la Fundación Benjamin Mehnert, quienes consiguieron salvarlo.

Tito peleó por su vida y tuvo suerte, mucha suerte. La misma que no tienen los alrededor de 50.000 perros entre podencos y galgos que España mata cada año. Una masacre que pocas veces salta a los medios de comunicación. Hay una razón de peso para ello, detrás de este terrible maltrato está la industria de la caza. Estos perros son explotados con esta finalidad y la mayoría de ellos son obligados a vivir en rehalas, en unas condiciones deplorables: hacinados, atados con cadenas y con herramientas de tortura para que no ladren. En Europa, los animalistas llaman a estos perros los ‘olvidados’.

Andalucía, a la cabeza del abandono y el maltrato

Por cierto, Andalucía es la comunidad autónoma que está a la cabeza del maltrato. Esqueléticos, enfermos, desnutridos, moribundos, heridos. Así es como llegan la mayoría de los galgos y podencos que tienen la suerte de ser rescatados por alguna de las organizaciones que trabajan de manera altruista por y para ellos. Y que, en la mayoría de los casos, hacen de enlace con organizaciones de distintos países.

Generalmente los galgos y los podencos dejan de ser útiles a los cazadores a los dos años, cuando ya no corren como antes. Es a partir de ese momento que son desechados como algo viejo e inservible”, explica Iannis Meltis, de la organización israelí Galgos Rescue. A la mayoría de los galgueros le resulta más fácil deshacerse de los animales arrojándolos por un risco que eutanasiándolos, algo que es completamente ilegal si el perro está sano, como es en el 99% de los casos.

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Pero muchos no se quedan ahí, los queman vivos o les arrancan la piel para extraerles el chip identificativo y luego dejarlos morir, de ese modo se aseguran que nunca pueda saberse la identidad del propietario”, explica. En números, un galguero puede criar hasta 20 galgos al año, de los que solo el 20% son utilizados para la caza de la liebre. El resto son desechados directamente.

podencos perros desconocidos
Los podencos son aún más desconocidos y menos populares que los galgos. Su drama, incluso mayor.

Podencos, los más olvidados

Idéntico calvario viven los galgos y los podencos. Sin embargo, todavía hay un mayor desconocimiento sobre los segundos, menos habituales como compañeros de sofá. Todos los que luchan para proteger a ambas razas coinciden en que este es un maltrato institucionalizado que es muy difícil de desarticular. “La mayoría de los partidos políticos españoles se lavan las manos porque saben que prohibir la caza con perros influye directamente en la valoración negativa de muchos votantes, quizá demasiados como para atreverse a dar el paso”, lamenta Mecas.

En esta idea coincide plenamente con Gisella Mehnert, fundadora de la Fundación Benjamin Mehnert, en Sevilla, un gran centro de acogida y recepción de animales (gatos, perros), fundamentalmente galgos y podencos. “Nosotros no recibimos subvenciones de ningún tipo. Las Escuelas Taurinas, en cambio, sí. Esta es la cruda realidad que se vive en España. Aquí no existe un gran partido verde como en Alemania, por ejemplo”, dice refiriéndose al país del que ella es originaria.

El mejor remedio, la educación

Mehnert ve su centro, y otros análogos, como “simples talleres de reparaciones”, porque el problema “es tan grande”, que centros como el suyo sólo son capaces de poner una tirita. “Los niños crecen pensando que los perro son herramientas de caza, ven que esta es un deporte, y contemplan como algo normal el poner la televisión y ver la matanza de un toro en la plaza. Hay que trabajar mucho en sentido contrario, enseñarles que los animales son seres sensibles, que sienten dolor y tienen sus propias inquietudes y que, ante todo, quieren vivir en paz”, reivindica.

Galgos y podencos acogidos por la Fundación Benjamin son trasladados varias veces al año a países como Francia, Holanda, Austria, Bélgica, Alemania e Italia. En este último se creó, hace poco, la asociación Podencos for life rescue, cuyos escasos voluntarios dan literalmente la vida para promover adopciones y darles a estos animales “un futuro diferente”, según su página de Facebook.

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El podenco se confunde con el galgo, y pasa completamente desapercibido. La España rural está llena de ellos, abandonados, vagando en los alrededores de las gasolineras, invisibles incluso para los animalistas”, lamenta Elena Martins, de Dogs Rescue Spain.

España, único país de Europa que permite la caza con galgo

Todos tienen claro que ningún refugio, ningun asociación, es el punto y final. “Solo somos lugares de tránsito, creamos espacios en los que estos animales puedan vivir dignamente y recuperarse de sus heridas físicas y psicólogas hasta que encuentren un hogar definitivo”. Al final, un dato que nos hará reflexionar: España es el único país de la Unión Europea que permite la caza con galgo.

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Periodista. Hablo de animales y de cultura. Y me empeño en conectar una cosa con la otra. Pero no siempre. Cuando me preguntan por mi vida pienso en los perros que me han acompañado hasta hoy. Bueno, y en los gatos. Y en los hámsters, y en las palomas... Por el camino decidí hacerme vegano.