Mi gato bufa o araña a los niños que vienen de visita a casa, ¿qué puedo hacer?

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Niño y madre juegan con un gato | Roberto Herrero

Vienen familiares con niños de visita a casa y tu gato se comporta de una manera extraña a la que no estás acostumbrado e incluso se muestra hostil con los pequeños, pudiendo llegar a bufarles e incluso a arañarles. Tranquilo, es algo normal, y en Wamiz te explicamos cómo controlarlo.

Tu gato se porta perfectamente en casa. Casi no hay conductas que corregirle cuando estáis todos los miembros de la familia (adultos) en casa. Usa su arena de modo correcto, no araña los sofás ni tira cosas al suelo. Pero claro, no todo podía ser perfecto. Toda esta tranquilidad se ve truncada cuando aparecen en casa esos familiares que tienen niños pequeños, sobre todo si hablamos de la franja que va de los tres a los diez o doce años. Los niños de estas edades son tremendamente activos, incansables, y sienten una devoción y una atracción increíble hacia los animales. Y esto, evidentemente, es algo para lo que tu gato no está preparado. No recuerdas cuándo fue la última vez que te bufó y apenas le gusta esconderse, ya lo sabemos. Pero en esa tarde de merienda familiar todos los esquemas se rompen. Bajo estas líneas, una buena muestra en vídeo.

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Evidentemente, hay que encontrar un balance entre el bienestar del animal y la curiosidad de los niños, que querrán estar continuamente en contacto con él. Quizá al principio el animal sí pueda mostrarse receptivo ante los juegos planteados, pero su paciencia es mucho más limitada que la de los pequeños, que no llegarán a cansarse nunca. Todo comienza por unas reglas claras que los niños deben conocer y acatar. Pueden acercarse al gato y jugar con él, pero cuando este demuestre que ya se está cansando (y lo hará), es el momento de pasar a entretenerse con otra cosa.

Una niña abraza a un gato

Un gato no es un juguete

A menudo en este tipo de reuniones nos enfrascamos en conversaciones muy interesantes, que restan atención a los pequeños, que ven en nuestro gato la diversión perfecta para pasar la tarde. Pueden llegar a tirarle del rabo, a meterse debajo de la cama cuando se haya escondido y es precisamente ahí cuando podrían venir los problemas. Ya hemos comentado alguna vez en Wamiz que un gato es un animal muy especial, que solo jugará cuando a él le apetezca y no conviene forzarle más de lo necesario.

Cuando nuestro gato se canse de jugar, es muy probable que se esconda en lugares en los que él se sienta seguro. Este lugar suele ser, indefectiblemente, bajo la cama, donde tendrá cubiertos al menos cuatro de cinco flancos. Pero esto no será impedimento para que los niños le sigan persiguiendo, ya que si un felino es un animal curioso por naturaleza, el niño lo es aún más. Si el animal está ahí es porque desea estar tranquilo y no quiere ser molestado. Si se traspasa esta línea será inevitable que vengan los bufidos y quizá los zarpazos, porque el animal se sentirá atacado y acorralado, aunque el niño solo quiera jugar. Aunque tu gato no lo haya hecho nunca, créenos, en situaciones como esta la reacción suele ser siempre la misma.

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El gato tiende a esconderse de los niños | Roberto Herrero

Hay que supervisar siempre los juegos de los niños con nuestro gato

Quizá por cosas como esta se hayan perpetuado tópicos como el que dice que los felinos son muy traicioneros. Y es que no se cuenta la coyuntura completa que rodea al hecho en sí de un hipotético ataque (para defenderse de una teórica agresión). Es por esto que los dueños debemos estar muy pendientes de los juegos de los niños con nuestro gato, ya que suelen producir en él un estrés al que no están acostumbrados. Deberemos supervisar los juegos en todo momento y enseñar a los niños que un gato no es como un perro. Que el gato es el que marca el ritmo del juego y que se jugará hasta que él lo diga. Y lo manifestará de manera evidente, dejando el terreno de juego y retirándose a un lugar mucho más tranquilo.

Los niños tendrán que comprender esto último y seremos nosotros los que deberemos ofrecerles otro entretenimiento mientras dure el break que nos ha impuesto nuestro animal (sí, impuesto, porque él será quien marque el ritmo en esta situación). Y, por favor, no vayamos a lo fácil. Hay formas de entretener a un niño que van más allá de las videoconsolas, las tablets y los teléfonos móviles. Ponte a dibujar con él o enséñale algún juego de cartas, que lo demás ya lo hará él por su cuenta. Seguro que antes de que te des cuenta, tu gato ya ha salido de su escondite y le apetece volver a jugar un poco. Simplemente hay que asumir que nuestro querido gato es el delantero estrella y a la vez el árbitro de nuestro partido. Si tenemos esto claro, no tendremos ningún problema.

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Soy periodista y también tengo un gato. Como a ti, me encantan los animales y por eso busco historias que merecen ser contadas.