Día del gato negro: ¿Por qué da mala suerte?

Si hace unos días en la redacción de Wamiz celebrábamos el Día Internacional del Gato, hoy es el momento de celebrar la efeméride del Gato Negro. Porque cada 17 de agosto se conmemora la existencia de este animal que durante años ha sido defenestrado por una falsa creencia que lo relaciona con la mala suerte o el mal fario. Te explicamos de dónde viene este mito y te invitamos a acabar con él de una vez por todas.

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Sin embargo, esto no ha sido siempre así, porque en otras culturas como la del Antiguo Egipto, estos animales eran considerados sagrados e incluso en las familias reales, eran agasajados con joyas y podían llegar a comer en los mismos platos que las personas. En la Inglaterra Victoriana existía la creencia de que si unos recién casados se cruzaban con un gato negro, tendrían prosperidad a lo largo de toda su relación. Algo que hoy nos puede parecer extraño, ya que en nuestro país este mito está perfectamente arraigado y, aunque comienzan a verse brotes verdes como la marca de vino Gato Negro, a los más veteranos resulta muy complicado hacerles cambiar de opinión. El color negro sigue sin perder ese matiz despectivo y los gatos, tristemente, no son una excepción.

¿Pero por qué se supone que el gato negro trae mala suerte?

Entonces, ¿de dónde proviene el mito de que los gatos negros traen mala suerte? En la tradición hebrea y babilónica estos felinos eran comparados con las serpientes y se decía que estaban asociados con las brujas, habituales chivos expiatorios de muchas de las penurias de la época. En el siglo XVII comenzó la caza de brujas en Europa y miles de mujeres fueron ajusticiadas acusadas de realizar estas prácticas oscuras.

Con ellas en el punto de mira, cuenta la leyenda que un grupo de hombres que se dirigía a detener a una supuesta bruja, se cruzó con un gato negro que hizo que se adentraran en un lugar siniestro y tenebroso, a lo que respondieron tirándole piedras y persiguiéndolo hasta que se refugió en casa de una de las ancianas acusadas de brujería, uniendo para siempre sus destinos en el imaginario popular. Desde entonces ha sido imposible romper esa asociación que, tristemente, ha supuesto la aniquilación de miles de gatos negros en Occidente. En las casas de España ha sido costumbre durante muchos años la de matar a los gatitos negros de las nuevas camadas para evitar así las desgracias que teóricamente traen asociadas.

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Esto no siempre ha sido así

Sin embargo, como ya hemos comentado anteriormente, no en todas las culturas se considera al gato negro como portador de la mala fortuna. En Escocia se cree que estos animales traen fortuna y prosperidad al hogar. Tanto es así que, si ves uno descansando al sol en el porche de tu casa, puedes relajarte para el resto de tus días porque tendrás el futuro asegurado.

Sin salir de las Islas Británicas encontramos en Inglaterra la creencia popular de que si en la casa de un marinero habitaba un gato negro, este regresaría sano y salvo de todas sus expediciones en alta mar. Por eso muchas esposas de marinero se afanaban en cuidar a estos felinos con el máximo mimo y la mayor atención, convirtiéndose en los reyes de la casa en ausencia del marido.

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Acabemos juntos con el falso mito

Por todo esto, desde la redacción de Wamiz queremos invitaros a acabar con esta falsa creencia, la cual hace que todavía hoy, en los lugares menos avanzados de nuestro territorio, se siga acabando con la vida de estos animales de la forma más cruel posible: se les abandona en el campo a las pocas horas de haber nacido, se les ahoga en barreños llenos de agua e incluso se les mete en sacos.

¿Que cómo puedes  hacer para revertir esta situación? Muy fácil. Es una cuestión de actitud. Pequeños gestos del día a día que poco a poco pueden hacer que nadie se acuerde de esta falsa creencia en el futuro: no repitas el tópico, no muestres desagrado al cruzarte con uno de ellos y, sobre todo, si estás dispuesto a adoptar, no los descartes por el color de su pelaje. Tienen mucho cariño para darte y solo merecen una oportunidad. ¡Ellos no tuvieron la culpa!

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Soy periodista y también tengo un gato. Como a ti, me encantan los animales y por eso busco historias que merecen ser contadas.